"Máquina de escribir" de Héctor Iván González. Publicación semanal de Crítica, creación y reseñas.

sábado 24 de julio de 2010

Poema

El anófeles viene una vez más hacia ti

Recorre uno a uno los palmos que los separan

Avanza con la tenacidad de un boxeador

Se acerca con la profunda convicción

El proyecto impostergable de zaherirte

Introducir su aguja de filamento sutil

Viene hacia ti porque te ha elegido

Remonta la distancia de aire límpido

Acompañado de su personalidad terrible

Se acerca para dejar en ti todo lo que tiene

Te ha elegido a ti entre muchos otros

No importa si para él/ella eres una flor o un fruto

Lo que importa es que quiere beber de ti

Quiere, como un buen amante, comerte

lentamente y en partes con dulzura

Desea arrancar cada uno de tus miembros

Y regar, sedimentar, una saliva sorda.

Te asediará con su paso de barracuda

Te torturará repetidas veces

Como se lacera a un condenado

Irrumpirá en tu sueño, con su sonar

Intervendrá las suaves mareas

Para penetrar en un dormir ligerísimo

Mientras lo esperas, temeroso, merodea, da un rodeo

Y se acerca al caracol de la oreja

Como un molusco buscando asilo

Tendrás que sentirte cautivo

Rogarás por Dios que observa

Le pedirás con una fe cruenta

Que haga caer al mosco desde la punta del cielo.

Afila su katana de plata en mutis

A la inversa, horada espirales oscuras

planeando hacia tu punto pulposo.

No habrá peor consigna

que ser acosado por este

pequeño alfiler con alas,

mesiánico cactus que cobija la noche,

terrorista y vampiro: anófeles.

Mil y un veces, bucanero

De una vez y para siempre

Te maldigo mosquillo leonado

Sé que en ti las culpas de mis

Peores raptos, de mis claros

Vituperios, encuentran forma

Y una suerte de falso descanso.

Una vez más se aproxima tenue

Con su zumbido siseante, como

Una tijera que rechina contra el aire.

Voy tras él y huye con astucia

Parece saber la geografía exacta de mi cuarto

Se escabulle como un malhechor

Por noches enteras entre silencios

Me crispa los nervios su visita

Es peor que un lamento fuera de mi puerta

Perturba como el tábano celoso

Y mientras se aleja inopinadamente

Lo capturo con hachazo digital

Queda semi-herido en las líneas

Y surcos temblorosos de mi mano

Con toda mi crueldad, fijamente,

Le empiezo a amputar todos

Y cada uno de sus miembrecillos

Primero una pata que quiebro

Después una antena balbucea su chirrido.

¡Maldito, sinvergüenza, perro!

Le arranco dos patas de golpe

Y presiono su cabeza fieramente

Pero qué feo eres, bastardo

No llegas ni a una bella horridez

Eres un digno hijo del diablo

¡Qué curioso, mientras te desbrozaba

sentía como si se lo hiciera

al Dios que vigila este mundo!

Qué pequeña cara de halcón

Y que bizarro busto de buitre

Te retuerces en tu impotencia

Y berreas como un niño

Que ha nacido malhecho

Mientras vas entregando tu aliento

Mientras te agitas sobre la servilleta

Exploro tu presencia maligna,

Aún teniendo sólo una pata, luchas,

Protestas como un astado calado

Por una muerte que observa.

Y tú crees que puedes seguir,

Figura grotesca. A ti, socavado,

A ti, derruido, quiero dejarte agonizar

Como tú me hiciste agonizar a mí,

Pedazo de figura lastimera,

Zumbas como un aeroplano inerme

Que debería ahogarse en un río de sangre

Eres un dechado de fruslería

Tu impotencia se consigna, pero

Te dejaré vivir, mancha de lapa,

Chúpame toda la sangre que quieras

No creo que, por más que sorbas,

Puedas recuperar tus patitas,

Carnicero, ni mi hemoglobina

Haga florecer tus alas de gelatina.

1 comentarios:

Jorge Ampuero dijo...

Digerible poética.
Persevera.

Saludos.